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10 Mitos y verdades de la cooperación internacional (bajo la mirada de un psicólogo).

26 Nov

Origen: 10 Mitos y verdades de la cooperación internacional (bajo la mirada de un psicólogo).

Autor: Airam VL

España cuenta con un  millar de españoles que cooperan en más de 120 países en todo el mundo, de las más de 8.000 personas que trabajan para ONG españolas, según datos de la Coordinadora estatal.

Aún falta mucho por conocer realmente el propósito y significado de la cooperación internacional. Mi trabajo como psicólogo en una ONG internacional me permite hacerme eco de los numerosos mitos que esconde la cooperación internacional.  El presente artículo es una opinión personal, de la cual me hago enteramente responsable de todo lo opinado.

1. Estoy de acuerdo en que a los países en desarrollo “no hay que darles el pez sino enseñarles a pescar”

Es la frase por excelencia en cooperación internacional. Realmente suena bien, pero se me antoja incompleta. Por dos razones

• Primero necesitan “un lago donde pescar”. A ese lago, me refiero a un espacio en el que el personal local pueda desarrollar sus competencias. Puede existir personal local cualificado en las grandes urbes africanas (Nairobi, Freetown, Lagos, etc…) con estudios universitarios, pero le faltan oportunidades laborales. Exacto, como en los países desarrollados.

• Segundo: “Saben pescar y tienen el lago, pero no les dejamos pescar”. La cooperación internacional debería ser entendida como una relación bidireccional e igualitaria en la que el cooperante aparece en escena únicamente cuando su puesto no puede ser cubierto por personal local. De hecho, ellos siempre nos ganarán por goleada en algo que nosotros nunca tendremos: su cultura. Precisamente por ello, y hablando de mi situación personal, aliento al personal nacional que me digan que lo aprendido en mi carrera universitaria suena muy bien en los libros “europeos”, pero que implementado en su cultura no solo es erróneo, sino contraproducente¹.

2. No llego a entender la cooperación internacional ¿no lo pueden hacer ellos mismos?

Sí es cierto que en muchas ocasiones el cooperante se hace imprescindible, como formar de agrandar su ego de “salvador”. Mostrarse indispensable hace que la ausencia del cooperante se note, lo cual es una mala noticia.  El factor determinante es saber que, si el cooperante es prescindible, puede ser indicativo de que funciones están siendo correctamente delegadas hacia el personal local, por lo tanto su trabajo está siendo eficiente. Esto nos conduce a un error fundamental en tormo a las ONGs: la falta significativa de empoderamiento del trabajador local.

Entretanto, con la responsabilidad de diversas funciones, muchas veces se nos olvida reforzar positivamente al personal nacional, este es, mostrarles su valía y eficacia. Tenemos la responsabilidad de empatizar, confiar y delegar funciones hacia ellos, hacerles ver que, sin su trabajo, la ONG no sólo estaría incompleta sino que el proyecto no sería ni viable ni autosuficiente.

3. Los cooperantes llevan una vida sacrificada y arriesgan su vida. Me encantaría ser misionero, como ellos.

Mito. No confundir cooperación con labores misioneras. Muchos  cooperantes no ejercemos el modelo de gestión de misiones religiosas, aunque puedan existir ideas que van en consonancia. Por otro lado, muchos misioneros llevan unas condiciones de vida muy aceptables. Tampoco el cooperante  arriesga su vida, ni vive en condiciones deplorables, salvo en algunos casos de ayuda en emergencias.

Sin embargo, sí es cierto que las condiciones de vida se minimizan, pero eso no es del todo malo, más teniendo en cuenta el abanico desmesurado de posibilidades de un país desarrollado, así como el modelo neoliberal de consumismo insano. La vida en un país en desarrollo se simplifica, que la vida sea menos cómoda no implica que sea menos satisfactoria, no confundamos calidad de vida con nivel de consumo.

4. Los cooperantes son unos perro flautas que se aprovechan del dinero del estado y van de hippies por la vida.

Tampoco es cierto. Hay muchas diferencias individuales y encasillar al cooperante no deja de ser una mala noticia. A decir verdad, hay un rasgo común del cooperante que, salvo excepciones, es la de apertura mental y una filosofía de vida que se pregunta y es crítico con los cánones de vida impuestos, pero eso no nos hace ni hippies ni renegamos del Estado.

5. El cooperante salva vidas humanas.

Esta frase etiqueta mucho nuestra labor. Sí es cierto y literal que en ocasiones ocurre, especialmente dentro de la ayuda en emergencias. Pese a que pudiera ocurrir  y a veces de manera muy emotiva, el cooperante no salva estrictamente vidas, sino que es partícipe de un trabajo en equipo multidisciplinar en el que tanto personal local, como instituciones y donantes hacen posible que se den una serie de circunstancias. Por tanto, la frase tan contundente de que “el cooperante salva vidas humanas” tiene que ser matizada, sino caemos otra vez en los estereotipos.

6. Yo no me creo esos anuncios tan emotivos sobre las ONG para que les ayudemos mandando un mensaje de texto.

Tranquilo, yo tampoco. Muchos de ellos están realmente sesgados. Como psicólogo, soy verdaderamente consciente de la estrategia que siguen para recaudar fondos. Utilizan una vía claramente emocional, paternalista (blanco ayuda a negro) y compadecedora (pobrecito los pobres). Existen parodias que dan ganadores de forma anual al anuncio más condescendiente de ONGs. Sin embargo, hay algo que hay que tener claro: a la hora de la verdad es el contenido emocional es el que funciona. O si no, te pregunto ¿qué vende más, una campaña en la que se dice que con un 2 euros salvas la vida de un niño, o que con un 2 euros posibilitas agua y saneamiento a una comunidad? La primera vende mucho más, mientras que la segunda podría ser más importante, puesto que a medio y largo plazo salvaría más vidas. Su hándicap es que es mucho más racional y menos emotiva, por consiguiente vende menos. • La pregunta queda en el aire ¿el fin (recaudación económica) justifica los medios (contenido emocional parcial y sesgado)?.

7. Los cooperantes son de izquierdas.

No debería ser así ¿por qué? Esta manera de encasillar la cooperación hacia la política es simplista y reduccionista. De hecho, la cooperación debería desmarcarse de las posiciones políticas del tipo “Soy de derechas” versus “Soy de izquierdas”. Normalmente se nos atribuye dentro de un encuadre político socialista e incluso comunista, cuando los derechos humanos (DDHH) están por encima de la política, pues esta es subordinada y no dueña.  Los cooperantes tenemos que ser partícipes y promotores de  los derechos humanos por encima de cualquier tipo de ideología política, pues los DDHH son intrínsecos al hecho de ser  seres humanos. Por tanto, la política se subordina a los DDHH y no al revés. Mi colega Roberto te lo explica mejor.

8. ¿Por qué siempre tenemos que sor los ricos los que ayudemos a los pobres?

No te preocupes, eso cada vez ocurre menos. Ni los países ricos son tan ricos, ni los pobres tan pobres. La dicotomía Norte-Sur comienza a estar en entredicho². De hecho, Senegal comenzó a financiar proyectos al Instituto Canario de Enfermedades Tropicales. Sin embargo, los deberes están en eliminar esa visión condescendiente y caritativa que utilizan los países desarrollados hacia los países en desarrollo.  Al minimizar las diferencias de poder, lo cual comienza a ocurrir, la frase ¿por qué los ricos ayudan a los pobres? sonaría extraña y fuera de lugar.

9. Me encanta la idea de cooperación internacional. Me gustaría ser voluntario de alguna ONG en África.

Cuidado, no es lo mismo ser cooperante que voluntario. La principal diferencia es la económica, un cooperante recibe un salario, entre otras diferencias³. La idea de ser cooperante o voluntario para vivir una experiencia, estereotipa la labor humanitaria y/o de desarrollo. Nuestra propia labor es la causa de nuestro trabajo, que esto desemboque en una experiencia vital es su consecuencia. Si se desea ayudar de forma desinteresada, no te tienes que ir a África, seguramente en tu barrio haya asociaciones que luchen contra la pobreza. Si quieres vivir la experiencia africana, puedes hacer turismo solidario, realmente es una forma muy viable. El planteamiento de realizar cooperación es mucha más serio, sé honesto contigo mismo y pregúntate ¿para qué quiero hacer cooperación?

10. Los cooperantes muchas veces van de mártires y salvadores del mundo. No me creo esa imagen.

Yo tampoco. Todos somos responsables de la imagen sesgada del cooperante. Muchas veces dejamos de contar nuestra labor en campo terreno porque sabemos que no se va a entender o la gente va a continuar con sus prejuicios. Yo era de esa postura. Sin embargo, he cambiado de idea. Ahora pienso que como cooperantes tenemos el deber y la responsabilidad de eliminar los estereotipos que existen alrededor nuestro.

Asimismo, también necesitamos la colaboración y disposición de que el resto quiera entender una mirada distinta en torno a la cooperación internacional. Dicho de otra manera, una persona debe estar dispuesta y abierta a querer quitarse una convicción e idea preestablecida sobre la cooperación, de lo contario seguiremos manteniendo nuestras posturas y sesgos cognitivos en torno a ella. De ello, la psicología social tiene mucho que decir

***

Aunque peque de falta de originalidad y suene cursi, la única manera de saber realmente que es eso de la cooperación internacional, será irremediablemente siendo uno de nosotros.


¹Un ejemplo es cómo en programas de educación sexual en occidente se permite la entrega de preservativos de modo preventivo, mientras que una cultura musulmana puede ser visto como incitación al sexo.

²Razones para pensarlo, las tienes en este vídeo sobre la cooperación del futuro

³ Para un explicación más extensa sobre las diferencias entre voluntario y cooperante, recomiendo el Libro: Mamá quiero ser cooperante, de Jorge Jimeno.

La c̶a̶r̶n̶a̶z̶a experiencia africana

19 Nov

Origen: La c̶a̶r̶n̶a̶z̶a experiencia africana

Autor: Airam VL

Aún sigo con el dilema moral del término experiencia. Experiencia entendida como la adquisición de sucesos, situaciones, cirscunstancias. Lo que significa vivir para luego quizás contar y narrar al resto.

Recuerdo en mis inicios en Lamu; Kenia, una pediatra cooperante me contó la cantidad ingesta de preguntas que le hacían sobre su trabajo diario. Tales preguntas eran para conseguir “carnaza” en forma de experiencia. Del tipo «¿Qué es lo más fuerte que has vivido en el hospital?»

Son preguntas inocentes, sin maldad. Esa fue la conclusión que sacamos. Pero son preguntas que gritan la frase oculta de: «Ey! Estoy en África y quiero vivir la experiencia» o su variante «Chicos, mirad como vivo la vida al límite». Esperan experiencias. Para decir que viven tal vez, para recordarse que sus vidas irradian energía y autenticidad o simplemente que sus vidas son plenas en experiencias, ricas de ser contadas. En eso las redes sociales son las cubertería y el contenedor de la carnaza.

De esta manera, lo peor que le puede pasar a alguien es volverse de África y no tener nada que decir. Peor aún, nada que decirse. Sería una tragedia de viaje, un viaje sin experiencia. Sé que lo sabes. No me gusta, me causa disonancia, me remueve. Por ello, y haciendo acopio de honestidad, la gran mayoría de cooperantes comenzamos con esa idea de experiencia, aunque fuera muy vaga, turbia o imprecisa. Incluso sabiendo de primeras que no vamos de turistas, sino de voluntarios o cooperantes. Desconfía de alguien que viene con una mente inmaculada y provista del kit “fuera estereotipos en 3 pasos” sobre África antes de venir.

Caer en el famoso error de vivir la experiencia sacia nuestro sentido vital de que nuestra vida merece la pena. Sin embargo, esto podría hacerle un flaco favor al resto de la población africana, pues a veces se cae en el mismo error de compadecerse, esto es, de sentir pena de ellos, lo que mantiene las posiciones de poder encubiertas (hombre blanco versus negro), o la famosa caridad que perpetúa la pobreza.

A día de hoy no sé qué contarte exactamente de Kenia. Si quieres mejor te diré lo que no voy a contarte. No te diré las típicas frases célebres de:

1) «África te cambia»
• ¿De verdad? ¿Necesitas venir a África para dar introspección a tu vida? Cualquier pueblo español rebosa espiritualidad, por muy feo que sea. El recogimiento interior no entiende de lugares.

2) «Pese a la pobreza, en África la gente es mucho más feliz que nosotros»
• La gente Africana es cualitativamente diferente a la de cualquier país desarrollado. Entienden la vida de diferente forma (no daría para explicarlo en este post) pero no son ni más felices ni menos, lo son en diferente forma.

3) «África es especial, pura magia»
• .Cierto, para que engañarnos. Sin embargo, para los que no se pueden permitir un vuelo a África (Ryanair todavía no opera aún en este continente), no necesitas venir a África para encontrar belleza en este mundo. Date una vuelta al parque de tu barrio.

4) Frase no literal, sino encubierta, oculta:  «Déjame decirte lo bien que me lo he pasado en el Safari, las fotos y lo bien que me he enamorado de África”
• Reconozco que lo de enamorarse de África está muy bien, pero es mucho más que sabanas, Safaris y Massais saltanto (las dos primeras ni las he olido, los Massais un encanto¹).

5) «En África no hay casi tecnología, es todo muy profundo y verdadero».
• Pues exceptuando la pobreza extrema y moderada que bien existe, la actual clase media y  tienen los mismos smartphones que los tuyos (e incluso mejores), ven telenovelas y estereotipan tan bien como tú o como yo.

6) «Es todo mucho más sencillo, más espiritual» 
• 
¿Puedo volver a recordarte tu pueblo? La meditación es una corriente en auge, en tu vecindario seguro que hay sitios donde meditan.

Finalizando, no digo que tengas que vivirlo de otra manera. Tampoco digo que te quedes en tu pueblo/ciudad ¡Yo también adoro viajar! Adelante. Sólo resalto que el contienente africano es mucho más que todo eso. África (como en Groenlandia) rebosa experiencias, historias, desde las más asombrosas hasta las más cotidianas y aburridas.

De verdad, no soy quién para decirte cómo debes vivir la experiencia africana. Existen tantas formas como personas en este mundo. Lo que sí te sugiero es no caer en la trampa del estereotipo y/o de la obligación colectiva de tener una vida con significado.
Del imperativo de vivir tu vida al límite como premisa social de no sentir que la desperdicias.

Párate un momento y no te preguntes por qué vienes a África sino pregúntate ¿Para qué viajas a África? 


¹En Lamu, hay cierta afluencia de la tribu Massai, lo que en un principio parece inconcebible. Por tanto, no sólo hay Massais en las sabanas, ni viven aislados. Hablan swahili, su lengua Massai e inglés básico, ven las noticias, tienen puestos de tiendas y teléfonos móviles. Mantienen las tradiciones antiguas, e incorporan a las nuevas formas de vivir, con sus pros y contras. La razón de su migración es la captación del turismo de la costa keniana, entre otras.

MAMÁ, QUIERO SER ACTIVISTA

23 Oct

Publicado parcialmente en el blog 3500 millones del diario EL PAIS, el 22 de octubre de 2013

Este mes hace un año de la publicación del “Mama, quiero ser cooperante”, un libro que pretende describir de la forma más objetiva posible el trabajo de los cooperantes, a la vez que vierte una crítica constructiva a medio camino entre los que piensan que todo esto es una mentira y los que creen que, aunque no es perfecta, la cooperación internacional es la mejor herramienta para luchar contra las desigualdades del planeta. En este análisis, y aunque se hace referencia a ello a lo largo del libro, hay un factor que quizás debiera haber destacado con más ahínco, pues conforma uno de los grandes problemas de la cooperación actual: la falta de activismo, la tibieza en la lucha por verdaderos cambios.

En los primeros años del siglo XXI, recuerdo haber escuchado a representantes de ONG de muchas nacionalidades un lema que quizás haya marcado la dirección de la cooperación en la última década: “durante muchos años hemos luchado con el corazón, ahora nos toca hacerlo con la cabeza”.

Detrás de esa lucha con la cabeza se erigió una profesionalización del sector. Directores ejecutivos provenientes de otros sectores se asentaron como líderes de muchas ONG. El énfasis se puso en la dirección estratégica de la organización, en planes directores y en posicionar a las organizaciones en el mercado de las donaciones ­para lograr un crecimiento que permitiese una mayor eficacia de los programas. Se cambió la mochila por el traje y los departamentos de recursos humanos prefirieron a aquellos con buenos masters. Y esto no debiera haber sido malo, si no fuera porque en la transformación se olvidó el corazón.

El corazón se siguió utilizando en los campañas de recaudación de donaciones, claro. Pero en los programas, muchas ONG se convirtieron en organizaciones de excelencia técnica capaces de ejecutar proyectos técnicos… con un fin social, sí, pero que no las diferenciaba mucho de otras empresas o de la administración pública que —desgraciadamente— en muchos casos sustituían.

Hoy en día, en una época de transformaciones profundas en todos los ámbitos, a nadie se le escapa que la cooperación internacional debe hacer mucho más para provocar cambios. Así, cada vez se oye más hablar de incidencia política, de advocacy, de cambo político y social…, pero el problema continuará mientras el corazón no vuelva a tomar el timón, acompañado de la cabeza, sí, pero con todos y cada uno de los miembros de las organizaciones creyéndose que el cambio es posible, y comprometiéndose profesional y personalmente con ello.

Ahora esto no es así. Lo habitual es que, por ejemplo, alguien que esté trabajando en una campaña de denuncia de las políticas de las multinacionales de refrescos, al terminar su jornada disfrute bebiendo el más conocido refresco de cola. O peor, que la organización que lleva a cabo esa campaña tenga una máquina expendedora en su oficina… Son ejemplos nimios, lo sé; pero significativos.

Es muy difícil ser coherente, pero con la profesionalización del sector se fue construyendo una barrera entre el compromiso laboral —que suele ser altísimo— y el compromiso personal —que depende de cada uno, pero que no suele ser tan fuerte—. El otro día escuchaba a una trabajadora de una ONG decir que el compromiso personal comienza al aceptar trabajar en una organización que no le va a pagar un sueldo tan alto como si estuviese en la empresa privada. Quizás eso algún día fue cierto y puede que aún lo sea en algunos casos, pero ya no tiene mucha base: si no trabajas para esa ONG —normalmente cobrando un sueldo bastante decente— tienes más probabilidades de estar en la cola del paro, emigrando a otro país o recibiendo 600 euros al mes por cualquier trabajo temporal. Así que lo del sueldo a mí no me vale. Es una opción profesional más, con sus baremo salarial, como cualquier otra.

Ni siquiera los trabajadores y organizaciones locales con las que se trabaja en los países en desarrollo suelen tener un deseo de cambio bien aguerrido. Están ahí porque es su trabajo o porque consiguieron fondos para montar una organización con la que viven. ¿Y la pasión por el cambio? A veces la hay, pero no es lo más frecuente.

Y entonces, ¿cuál es la salida? Está claro que la cooperación al desarrollo solo tiene sentido si va acompañada de una acción de cambio pero, ¿cómo se conseguirá que el activismo real, el apasionado, el que lucha con el corazón y con el compromiso, vuelva a escena? Ese que se puede ver en otros ámbitos: el que caracterizó al 15M, el que se ve en la plataforma antidesahucios, el que lucha porque la sanidad pública lo siga siendo, el de aquellos que ponen todo su empeño para conseguir algo en lo que creen. Este activismo, de momento, en la cooperación internacional, está lejano.

Siempre he creído que el futuro de la cooperación internacional pasa por la creación de una red de personas norte-sur, sur-norte y este-oeste. Una red que consiga apoyarse para lograr cambios tanto local como globalmente. Una red flexible en la que las agendas vengan marcadas por aquellos que luchan, personalmente, por unos cambios tangibles. Una red que gire alrededor de las personas activistas.

PRIMEROS PASOS PARA TRABAJAR COMO COOPERANTE

5 Dic

Publicado en el blog 3500 millones del diario EL PAIS, el 2 de diciembre de 2012

Para empezar a trabajar como cooperante, tanto en contextos humanitarios como de desarrollo, es fundamental realizar una tarea previa de búsqueda de información, y el consecuente análisis y reflexión.

En primer lugar, hay que profundizar sobre lo que significa realmente la cooperación internacional, y así hacerse una buena idea de los entornos donde se implementan los proyectos, qué tipos de perfiles profesionales y personales son requeridos en cada uno de ellos, y en qué consiste el día a día del trabajo del cooperante. Espero que “Mamá, quiero ser cooperante” ayude en esta tarea, pero hay que explorar otros puntos de vista, navegar por las páginas web de organizaciones que trabajan en cooperación (ONG, agencias de Naciones Unidas, organizaciones del movimiento de la Cruz Roja y la Media Luna Creciente, agencias gubernamentales y otras relacionadas con el sector), y, si se puede, hablar con personas cercanas a este ámbito profesional.

En segundo lugar, hay que hacerse la que es, quizás, la pregunta más importante: ¿Por qué quiero trabajar en cooperación internacional? La respuesta será individual y distinta en cada caso, pero es importante ser sincero con uno mismo, puesto que además nos conducirá a la siguiente reflexión, ¿qué tipo de trabajo quiero realizar?

En cooperación se puede trabajar en una gran variedad de perfiles profesionales. Algunos son más característicos de este sector, como pueden ser los puestos de coordinador de la organización o redactor de propuestas, y otros son más generales, como los de ingeniero o médico, que al realizarse en entornos de cooperación tendrán unos matices distintos a si se implementasen en otros contextos, pero cuyas líneas fundamentales del trabajo no divergen mucho de un caso a otro.

Para ilustrar la diversidad de trabajos que se pueden desempeñar, listo a continuación una muestra de los más habituales: administradores financieros y de recursos humanos, coordinadores de la organización, logistas, responsables de seguridad, ingenieros (civiles, agrónomos, telecomunicaciones, industriales,…) médicos, periodistas, enfermeros, evaluadores, técnicos de seguimiento, facilitadores, formadores, profesores, psicólogos, antropólogos, analistas de seguridad, educadores, técnicos de incidencia política y campañas, asesores económicos y estratégicos, nutricionistas, redactores de propuestas, gestores de proyectos, etc.

Dependiendo del entorno, tipo de programas que se lleven a cabo y volumen de la organización, se emplearán alguno o varios de los perfiles expuestos en cada situación.

Como se puede intuir, ya sea en puestos técnicos o de gestión, en la gran mayoría de los casos los cooperantes hacen trabajos que se alejan del manido y utópico «trabajar codo con codo, mano con mano, con las comunidades». No se puede generalizar, y claro que hay gente que realiza tareas sociales, normalmente no remuneradas, en otros países, como pueda ser dar comidas en un comedor social…, pero no es lo habitual. Lo que sí es más corriente es que cooperantes que tienen un trabajo de los arriba descritos, desempeñen, fuera del horario de oficina, este otro tipo de actividades sociales y comunitarias.

Además del perfil profesional que el cooperante desea desempeñar, se ha de reflexionar sobre los entornos en los que se quiere trabajar, porque los humanitarios (bien sean de desastre natural o de conflictos de origen humano) son muy distintos a los ámbitos de desarrollo (un proyecto de microfinanzas en un ámbito rural y tranquilo, por ejemplo).

Por último, es importante que el futuro cooperante se cuestione si desea que esta sea su profesión durante bastantes años, o solo quiere tener una experiencia puntual, o al menos que piense en qué marco de su desarrollo profesional y personal lo quiere encuadrar.

Con todas estas respuestas, ya se está en disposición de realizar un plan estratégico para tener una primera experiencia laboral en el terreno, que, sin duda, es la más difícil de conseguir. Puede que el plan tenga que incluir alguna formación específica o algún voluntariado, o puede que no, puesto que dependerá del punto de partida de cada aspirante y a dónde quiere llegar. Como todo en la vida, cuanto más claro se tenga el objetivo, más fácil es trazar el camino, aunque muchas veces los senderos nos sorprendan.

LAS MOTIVACIONES PARA TRABAJAR EN COOPERACIÓN INTERNACIONAL

8 Nov

Dentro de los mitos con los que se suele adornar el trabajo en el ámbito de la cooperación internacional, está el de que los cooperantes deciden emprender rumbo a algún país en conflicto o en desarrollo con la única motivación de ayudar a los demás. Sin duda, este motivo debiera estar presente en el abanico de razones, pero desde luego no es el único: si solo se quiere ayudar a los demás no es necesario irse tan lejos; se puede hacer en tu barrio o simplemente en tu oficina.

Siempre he sostenido que hay tantas razones para trabajar de cooperante como cooperantes hay por el mundo. Conocer otros países, otras culturas, escapar de tu entorno o simplemente tener un trabajo son algunas de las razones adicionales. Y esto, contrariamente a los que muchos piensan, no es malo y no hay que ocultarlo: es justamente lo que da sentido a la palabra cooperación.

La cooperación no es dar de forma altruista, sino que implica un beneficio para todas las partes que cooperan en lograr un mismo objetivo. Ocultar el beneficio propio no solo es hipócrita, sino que abandera uno de los grandes males de la cooperación: el paternalismo con aquellos a los que, teóricamente, se está ayudando. Con este enfoque muchos de los programas de cooperación establecen dinámicas de poder que son perjudiciales para los que se pretende ayudar.

Y esto no solo se refiere a las motivaciones personales de los cooperantes, sino que, a otra escala, es perfectamente aplicable a las políticas de Estado de cooperación. Por ejemplo, en muchos de los proyectos de cooperación del Estado español en países de África del Oeste hay un interés en frenar la inmigración que sale de sus costas o crear unas condiciones para la implantación de empresas españolas en la zona. Y esto no es malo, siempre y cuando se busque realmente un beneficio positivo y equitativo entre todas las partes, lo que, desgraciadamente, no ocurre en la mayoría de las ocasiones.

Desde luego, también deben existir razones de tipo solidario para conseguir el desarrollo y bienestar global, pero lo que resulta pernicioso es ocultar todas estas motivaciones y utilizar discursos paternalistas.

El hecho de no reparar en los beneficios personales, sociales o estatales que se obtienen de la cooperación nos lleva a escuchar declaraciones como las que se vienen sucediendo en los últimos días: «hay que eliminar la partida presupuestaria de cooperación porque no estamos en una situación de ayudar a los demás»… a los primeros que no estamos ayudando con esta política es a nosotros mismos.

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