PRIMEROS PASOS PARA TRABAJAR COMO COOPERANTE

5 Dic

Publicado en el blog 3500 millones del diario EL PAIS, el 2 de diciembre de 2012

Para empezar a trabajar como cooperante, tanto en contextos humanitarios como de desarrollo, es fundamental realizar una tarea previa de búsqueda de información, y el consecuente análisis y reflexión.

En primer lugar, hay que profundizar sobre lo que significa realmente la cooperación internacional, y así hacerse una buena idea de los entornos donde se implementan los proyectos, qué tipos de perfiles profesionales y personales son requeridos en cada uno de ellos, y en qué consiste el día a día del trabajo del cooperante. Espero que “Mamá, quiero ser cooperante” ayude en esta tarea, pero hay que explorar otros puntos de vista, navegar por las páginas web de organizaciones que trabajan en cooperación (ONG, agencias de Naciones Unidas, organizaciones del movimiento de la Cruz Roja y la Media Luna Creciente, agencias gubernamentales y otras relacionadas con el sector), y, si se puede, hablar con personas cercanas a este ámbito profesional.

En segundo lugar, hay que hacerse la que es, quizás, la pregunta más importante: ¿Por qué quiero trabajar en cooperación internacional? La respuesta será individual y distinta en cada caso, pero es importante ser sincero con uno mismo, puesto que además nos conducirá a la siguiente reflexión, ¿qué tipo de trabajo quiero realizar?

En cooperación se puede trabajar en una gran variedad de perfiles profesionales. Algunos son más característicos de este sector, como pueden ser los puestos de coordinador de la organización o redactor de propuestas, y otros son más generales, como los de ingeniero o médico, que al realizarse en entornos de cooperación tendrán unos matices distintos a si se implementasen en otros contextos, pero cuyas líneas fundamentales del trabajo no divergen mucho de un caso a otro.

Para ilustrar la diversidad de trabajos que se pueden desempeñar, listo a continuación una muestra de los más habituales: administradores financieros y de recursos humanos, coordinadores de la organización, logistas, responsables de seguridad, ingenieros (civiles, agrónomos, telecomunicaciones, industriales,…) médicos, periodistas, enfermeros, evaluadores, técnicos de seguimiento, facilitadores, formadores, profesores, psicólogos, antropólogos, analistas de seguridad, educadores, técnicos de incidencia política y campañas, asesores económicos y estratégicos, nutricionistas, redactores de propuestas, gestores de proyectos, etc.

Dependiendo del entorno, tipo de programas que se lleven a cabo y volumen de la organización, se emplearán alguno o varios de los perfiles expuestos en cada situación.

Como se puede intuir, ya sea en puestos técnicos o de gestión, en la gran mayoría de los casos los cooperantes hacen trabajos que se alejan del manido y utópico «trabajar codo con codo, mano con mano, con las comunidades». No se puede generalizar, y claro que hay gente que realiza tareas sociales, normalmente no remuneradas, en otros países, como pueda ser dar comidas en un comedor social…, pero no es lo habitual. Lo que sí es más corriente es que cooperantes que tienen un trabajo de los arriba descritos, desempeñen, fuera del horario de oficina, este otro tipo de actividades sociales y comunitarias.

Además del perfil profesional que el cooperante desea desempeñar, se ha de reflexionar sobre los entornos en los que se quiere trabajar, porque los humanitarios (bien sean de desastre natural o de conflictos de origen humano) son muy distintos a los ámbitos de desarrollo (un proyecto de microfinanzas en un ámbito rural y tranquilo, por ejemplo).

Por último, es importante que el futuro cooperante se cuestione si desea que esta sea su profesión durante bastantes años, o solo quiere tener una experiencia puntual, o al menos que piense en qué marco de su desarrollo profesional y personal lo quiere encuadrar.

Con todas estas respuestas, ya se está en disposición de realizar un plan estratégico para tener una primera experiencia laboral en el terreno, que, sin duda, es la más difícil de conseguir. Puede que el plan tenga que incluir alguna formación específica o algún voluntariado, o puede que no, puesto que dependerá del punto de partida de cada aspirante y a dónde quiere llegar. Como todo en la vida, cuanto más claro se tenga el objetivo, más fácil es trazar el camino, aunque muchas veces los senderos nos sorprendan.

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