LAS MOTIVACIONES PARA TRABAJAR EN COOPERACIÓN INTERNACIONAL

8 Nov

Dentro de los mitos con los que se suele adornar el trabajo en el ámbito de la cooperación internacional, está el de que los cooperantes deciden emprender rumbo a algún país en conflicto o en desarrollo con la única motivación de ayudar a los demás. Sin duda, este motivo debiera estar presente en el abanico de razones, pero desde luego no es el único: si solo se quiere ayudar a los demás no es necesario irse tan lejos; se puede hacer en tu barrio o simplemente en tu oficina.

Siempre he sostenido que hay tantas razones para trabajar de cooperante como cooperantes hay por el mundo. Conocer otros países, otras culturas, escapar de tu entorno o simplemente tener un trabajo son algunas de las razones adicionales. Y esto, contrariamente a los que muchos piensan, no es malo y no hay que ocultarlo: es justamente lo que da sentido a la palabra cooperación.

La cooperación no es dar de forma altruista, sino que implica un beneficio para todas las partes que cooperan en lograr un mismo objetivo. Ocultar el beneficio propio no solo es hipócrita, sino que abandera uno de los grandes males de la cooperación: el paternalismo con aquellos a los que, teóricamente, se está ayudando. Con este enfoque muchos de los programas de cooperación establecen dinámicas de poder que son perjudiciales para los que se pretende ayudar.

Y esto no solo se refiere a las motivaciones personales de los cooperantes, sino que, a otra escala, es perfectamente aplicable a las políticas de Estado de cooperación. Por ejemplo, en muchos de los proyectos de cooperación del Estado español en países de África del Oeste hay un interés en frenar la inmigración que sale de sus costas o crear unas condiciones para la implantación de empresas españolas en la zona. Y esto no es malo, siempre y cuando se busque realmente un beneficio positivo y equitativo entre todas las partes, lo que, desgraciadamente, no ocurre en la mayoría de las ocasiones.

Desde luego, también deben existir razones de tipo solidario para conseguir el desarrollo y bienestar global, pero lo que resulta pernicioso es ocultar todas estas motivaciones y utilizar discursos paternalistas.

El hecho de no reparar en los beneficios personales, sociales o estatales que se obtienen de la cooperación nos lleva a escuchar declaraciones como las que se vienen sucediendo en los últimos días: «hay que eliminar la partida presupuestaria de cooperación porque no estamos en una situación de ayudar a los demás»… a los primeros que no estamos ayudando con esta política es a nosotros mismos.

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